¿Existe la dieta oncológica?

Cuando juntamos dos palabras como dieta y oncológica, caemos en la confusión de pensar que existe una forma de alimentación que directamente evita el cáncer o lo cura, si ya ha dado muestras en el organismo. Sin embargo, como bióloga especializada en nutrición oncológica, soy partidaria de aclarar esta expresión y tener claro que la dieta oncológica es algo más conciso. Así, yo la entiendo como la forma en que los alimentos pueden convertirse en un complemento tanto en las fases de prevención como en la de recuperación durante la enfermedad.

Contamos con una de las mejores dietas del planeta, la mediterránea. Esto hace que sea aún más interesante analizar qué puede aportar cada alimento y cómo podemos jugar con ellos para ganar. Ganar salud, sobre todo, pero también tranquilidad y seguridad. Para mí, eso es la dieta oncológica, el planteamiento nutricional que reduce los efectos del tratamiento y mejora la inmunidad y calidad de vida.

Son muchos los estudios de investigación que confirman las mejoras en los tratamientos de cáncer gracias a la dieta oncológica pero, mi mayor demostración, es la que me ofrecen los clientes que me piden ayuda. Los medios de comunicación también se hacen eco de estos estudios. Leía recientemente en una noticia de La Vanguardia, que han detectado que la microbiota de la mama influye en el riesgo de padecer cáncer. Y como este, muchos otros estudios. Tantos que el cliente puede llegar a sentirse confundido a la hora de decidir algo tan básico y necesario: ¿qué como ahora?

¿La dieta oncológica es comer lo que nos apetezca?

Yo solo entiendo la dieta oncológica de una forma: personalizada. Cada cliente es único y, si no ha vivido el proceso del cáncer de la misma forma ni ha pasado por el mismo tratamiento, tampoco puede alimentarse bajo los mismos parámetros. Comer cualquier cosa no es suficiente ni siquiera, comer lo que uno quiera.

La persona enferma de cáncer debe aprender a escucharse, a conocerse, a saber lo que su cuerpo necesita para seguir adelante. Además, es muy enriquecedor descubrir que esta dieta oncológica no tiene porque ser complicada ni laboriosa en cuánto a la búsqueda de los ingredientes o a la preparación de los platos. Tenemos a nuestro alrededor muchas posibilidades, gracias a la influencia de la dieta mediterránea, que nos facilitarán la creación de nuestro menú. Hasta que entendamos nuestro organismo, pueden transcurrir días pero si lo haces con la ayuda de un profesional, lo conseguirás antes y no te sentirás perdido.

Si te sientes así, busca apoyo profesional. No dejes que pase más tiempo. Una dieta oncológica individualizada tiene en cuenta las limitaciones, las necesidades de cada uno, el historial médico o el tratamiento. Además, el cáncer es una enfermedad multifactorial y la alimentación, así como el consumo de tabaco, la obesidad o un estilo de vida poco saludable, es uno de los motivos que está detrás de su aparición.

¿Qué enfoque nutricional sigo en cada dieta oncológica?

El objetivo no es crear una dieta concreta y específica, cerrada, en la que no se permitan los cambios. Esto no tendría ningún sentido. En mi caso, quiero priorizar el bienestar del cliente y para ello, es fundamental hacer un seguimiento y acompañamiento nutricional. Es decir, la dieta irá transcurriendo progresivamente y juntos, iremos observando hasta qué punto funciona y se adapta a tus necesidades y demandas. El tratamiento, la sintomatología y los resultados de las analíticas también se tendrán en cuenta para introducir cambios en la dieta planteada aunque, no está de más recordarlo, las terapias naturales que aplicamos NO SUSTITUYEN NI EXCLUYEN la atención o el TRATAMIENTO MÉDICO O FARMACOLÓGICO CONVENCIONAL prescrito por profesionales sanitarios

Durante un proceso oncológico, las defensas son una de las principales víctimas. Desde la alimentación, y como veremos más adelante en otros artículos, se puede atacar directamente este foco y elegir los alimentos adecuados para favorecer su proceso de recuperación.

Tampoco desvelamos nada nuevo si decimos que la radioterapia y la quimioterapia afectan a los procesos digestivos. Si no lo has vivido tú directamente, puede que conozcas a alguien que ha sufrido especialmente por lo que comía durante sus tratamientos. Por ejemplo, muchos pacientes no toleran bien los lácteos y necesitan encontrar esos alimentos que sí les sientan bien. Y que existen. Otros pierden el apetito y algunos sufren episodios de diarrea, náuseas o fatiga. La dieta oncológica es la oportunidad para crear una alimentación que tenga en cuenta todos estos factores. Es como si compusiéramos una melodía que solo suena buen cuando las notas elegidas, que son los ingredientes, son acordes.

¿Se lo cuento a mi oncólogo?

Muchos clientes me hacen esta pregunta antes de irse porque no saben si explicarle a su oncólogo que también han solicitado otros servicios como puede ser éste, el de la dieta oncológica. Yo siempre respondo lo mismo: cada uno debe tomar su propia decisión aunque lo ideal es que hubiera más comunicación para que entre todos camináramos hacia una oncología más integrativa, en la que creo profesional y personalmente. Es en esta oncología integrativa donde tienen cabida otros tratamientos, técnicas y herramientas complementarias. Al fin y al cabo, todos queremos lo mismo: ayudar y mejorar la salud y vida del paciente. ¿Y si empezamos ya?

Me despido, no sin antes recordar que lo que me gusta escuchar es que el cliente me diga que gracias a al dieta oncológica, se siente mejor y más preparado para seguir adelante con el tratamiento. Si lo supera con éxito, no lo duda y, posteriormente, aunque haya recibido el alta, sigue escuchándose, queriéndose, mimándose. Es decir, sigue eligiendo un estilo de vida saludable y manteniendo su compromiso con el cuerpo, mente y corazón. ¿Y si la vida fuera eso?

¡Hasta pronto!