¡¡¡Eres valiente y quizás no lo sabes!!!

Esta mañana durante mi meditación diaria, me ha llegado la palabra VALIENTES.

La verdad es que durante esta media hora que le dedico a la meditación es cuando más me llegan las buenas ideas, inspiraciones y todo lo que necesito para enfocar mi vida personal y profesional.

Aclaro el tema meditación, para no crear malentendidos. Ayer justamente lo hablaba con una persona muy querida para mí y me decía que él meditaba mucho. Al preguntarle que era para él meditar, me dijo que pensaba y razonaba mucho durante un rato. Sonreí y le expliqué que, para mí, era justo lo contrario.

Hay muchos tipos de meditaciones, pero en general van orientadas a dejar calmada nuestra mente consciente y así nuestra mente inconsciente nos puede brindar todo aquello que surge de nuestro ser más interno y conectado a otro nivel con el universo. Para mí, eso de dejar la mente en blanco es utópico, pues la mente nunca para, así que lo que hago es centrarla en otros propósitos como la respiración o visualización de algo bello, por ejemplo.

Aclarado este punto, te quiero hablar de la valentía. Hasta hace poco para mí la valentía era sacar pecho y atreverse a todo. Si yo lo hacía, era desde un lugar de armarme de valor y aun sin estar segura de nada, me lanzaba a hacer aquello que a lo mejor me aterraba. Con la cual cosa necesitaba que fueran decisiones algo impulsivas, porque si no entraba en bucle en analizarlo todo tanto, que me paralizaba.

Hoy después de casi dos años de transformación de mi persona, las cosas han cambiado. Tras el diagnóstico de recaída en mi cáncer, no puedo negar que el miedo, un miedo intenso y profundo colonizó cada una de mis células.

Es verdad que ya llevaba tiempo trabajando en mi crecimiento personal, pero nunca me había sentido, lo que dicen “entre las cuerdas” y esta vez sí, me encontraba en esta situación o como mínimo yo lo sentía así.

Y es en este momento, cuando tienes que decidir cómo afrontar la situación y optar por hacerte a un lado y que jueguen la partida por ti o quieres tomar tú las riendas y responsabilizarte de verdad de tu vida. ¡¡¡Por fin!!! “tomar las riendas”, al menos en el sentido de lo que yo debía ocuparme en aquel momento, que era mi enfermedad y su tratamiento.

A todo mi proceso yo le llamo de sanación y transformación, porque he integrado tanto la curación física, como la emocional, como la conexión espiritual. Mucha gente me llamaba y me decía: “eres muy valiente”. Yo la verdad no lo veía así, porque aun tenía el concepto de valentía que os he contado y os aseguro que no era en absoluto el caso. Pasado un tiempo me he ido dando cuenta que he cambiado mi concepto sobre esta actitud. Y ahora me atrevería a decir que he cambiado la palabra valentía, por confianza y aceptación. También podría decir que he integrado la confianza en mi vida y esta sensación me hace tomar decisiones que parecen, a ojos de los demás, más valientes.

La confianza en la vida misma, en mi caso, no ha llegado de un día para otro, sino que la he cultivado desde el primer momento del diagnóstico. Tuve claro que no había otra salida que acompañar, a mi cuerpo físico, con una renovación de mis pensamientos y creencias.

Cuando te encuentras en una situación extrema, sea por falta de salud, sea por la pérdida de un familiar, por la pérdida de un trabajo, separación, falta de recursos económicos y/o insatisfacción en general, es muy fácil caer en pensamientos derrotistas y entonces la valentía que os decía de sacar pecho, es muy forzada. Ni tan solo puedes adoptar la postura corporal más erecta.

La valentía de la que os hablo es desde otra posición muy diferente. Es una valentía desde la aceptación de que lo que está ocurriendo en tu vida va a ser pasajero, podrá haber momentos de dolor, no lo voy a negar, pero si tu posición es desde una confianza de que nada es por casualidad y que todo tiene una razón de ser, que hay un sentido más amplio de todo lo que nos
acontece, incluso en los momentos más duros podrás ser capaz de tomar decisiones tranquilas y serenas. Muchas veces el miedo viene de estar siempre posicionados en el futuro, en lo que va a suceder y no en el presente, en lo que ahora mismo, en este mismo instante me está pasando.

Yo muchos días durante estos dos últimos años, me levantaba y pensaba “un día más, no me duele nada, parece que la apisonadora que me habían dicho que pasaría por mí, me está esquivando, así que voy a aprovechar, porque ahora mismo solo sé que estoy bien”. Lo mismo pasa con los pensamientos, no sabemos qué va a pasar y ya lo tememos. El miedo forma
parte de nuestra existencia y nos protege de algunas situaciones, pero el miedo mental, el imaginado y no fundamentado, nos puede hundir en la miseria. Así que parte de la valentía también se basa en vivir el presente y no darle pie al miedo producido por las vueltas que le damos a nuestra cabeza, intentando identificar los cientos de posibles escenarios de una misma situación, yo era una experta en eso. Ahora intento decirme: “no voy a perder el tiempo en algo que ni puedo saber ni quiero tampoco planear, voy a confiar en que cuando llegue el momento tendré los recursos necesarios para afrontar la situación y sacaré unas fuerzas que ni tan solo reconozco”

Aprende a identificar tus pensamientos y cuando detectes todos aquellos en negativo, no les des mucha tregua y transformarlos en positivos. Si te cuesta porque estas muy enfadad@, al menos no los alimentes dedicándoles tu tiempo, deja que pasen y vayan perdiendo fuerza. Recuerda que donde pones tu atención es donde va tu energía y te puedes quedar exhaust@.

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